Una asociación invita a los argentinos a recorrer el Buenos Aires del tranvía

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EFE | Cris Terceiro | Buenos Aires, 4 dic 2016

Caminar por las calles del barrio porteño de Caballito, centro geográfico de Buenos Aires, es cada fin de semana sinónimo de tranvía gracias a la iniciativa de una entidad sin ánimo de lucro que lucha por preservar este transporte de época que hoy despierta la curiosidad de niños y adultos.

La idea surgió de “cuatro locos” enamorados de los tranvías que querían “reivindicar a este vehículo como uno de los mejores sistema de transporte urbano” de su época y reclamar el lugar que le corresponde en la historia, explicó a Efe el director de la Asociación Amigos del Tranvía, Aquilino González Podestá.

Este legendario medio de traslado de pasajeros que hoy pervive en ciudades como Lisboa o San Francisco lucha por seguir teniendo su espacio en el asfalto frente a la vorágine de la era moderna donde el subterráneo, los coches y autobuses le han ido ganando terreno.

En Buenos Aires sobrevive gracias al circuito histórico-turístico que recorre el corazón del barrio porteño de Caballito y que promueve la Asociación de Amigos del Tranvía.

Fue un trabajo arduo, “una odisea”, relata el cofundador de esta asociación que acaba de cumplir 40 años, ya que se vieron obligados a comprar todos los coches fuera del país, porque en la Argentina de 1976, recién iniciada la última dictadura militar, “no quedaba nada”.

El primero lo compraron en Oporto y detrás vendrían donaciones, colaboraciones y auspicios que les han permitido sumar una quincena de vehículos que, con mucho mimo, se han dedicado a restaurar para deleite de unas 350 personas por jornada.

“Ya pasamos el millón y medio de pasajeros desde que empezamos”, detalla un orgulloso González Podestá quien, además, hace cada fin de semana de conductor del tranvía y posa sonriente para los cientos de flashes que aprovechan para fotografiar la curiosa estampa en las calles de Buenos Aires.

La entidad ha logrado que estos vehículos históricos puedan seguir rodando por los dos kilómetros de vía habilitados para este paseo por la que constituyó una de las líneas de tranvía a caballo más larga del mundo, con 870 kilómetros de recorrido solo dentro de la Capital Federal argentina.

Durante la experiencia no faltan detalles como el boleto original del viaje que entregan a cada pasajero o el sonido de las campanillas de época que marcaban la salida del tranvía.

Para Aquilino González, hoy “el futuro está garantizado”, pues la entidad “se llenó de muchachada. Chicos de 18 o 20 años entusiasmados con estas cosas” y que trabajan “ad honorem” por el proyecto.

Ellos son los guías y acompañantes de cada trayecto que, semana a semana, se llena de familias.

Largas filas en la peculiar parada del tranvía dan buena muestra del “éxito” de una propuesta donde los niños son protagonistas, tal y como se aprecia en los rostros de los más pequeños durante el viaje.

José María y Cecilia, una pareja de porteños, acudieron con su hijo a disfrutar de esta “linda experiencia”. Su entusiasmo quedaba patente en cada gesto.

“Precioso. Hermoso. El nene lo re disfrutó”, explicaron a Efe.

Para ambos “es fundamental” que sigan viviendo este tipo de iniciativas para evitar que la ciudad se quede “sin historia”.

“Otra vez, otra vez”, se escucha a algunos pequeños que, una vez finalizado el trayecto, piden volver a hacer la cola para revivir el viaje.

“Por eso lo hacemos”, ratificó, por su parte, Aquilino González, feliz al ver la ilusión con la que, al igual que el equipo de la fundación, tantos niños -y también adultos- disfrutan del tranvía y de recorrer la capital rioplatense desde otra perspectiva en una época del año en la que, además, el tiempo acompaña y los jacarandá (árbol típico de la América subtropical) tiñen de lila la ciudad.

La organización cuenta también con una biblioteca especializada en tranvías, con material incunable y libros de estudio especializados.


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